Egipcios
en America
No es difícil encontrar infinidad de similitudes tipológicas
entre figuras de las culturas precolombinas y algunos ejemplos tomados del
antiguo Egipto. Pero, ¿qué hay de cierto en todas estas teorías que hablan de
grandes viajes transoceánicos en la antigüedad? Las ultimas investigaciones
aportan nuevas luces al problema.
K. A. Jaikazbhoy en su libro "Rameses III, Father of
Ancient America" publicado en 1992, proponía más de un centenar de
paralelismos tipológicos entre la cultura egipcia de la época faraónica y las
culturas prehispánicas. Los campos de estudio son muy amplios y abarcan no
solamente las referencias descubiertas en la escultura o la pintura, sino también
en la arquitectura y en detalles mundanos de la propia vida diaria de estos
pueblos, así como algunos destellos de similitudes en la religión o en la
forma de comportamiento social. Cualquiera que se detenga a profundizar en la
lectura de este libro puede llegar a la conclusión de que de tantos elementos
comparados, ciertamente, hay muchos que estan literalmente "cogidos por los
pelos" y que la semejanza que propone Jaikazbhoy es algo mas que subjetiva.
Sin embargo, hay otros aspectos de su libro que demuestran tal grado de
similitud que uno llega a plantearse muy en serio si realmente hubo algún tipo
de contacto entre la civilización egipcia y la America antigua.
Al haber una falta de pruebas claras, siempre existirá
este debate entre lo antropólogos a cerca de las teorías difusionistas o
evolucionistas en los pueblos antiguos (ver Enigmas, Ano V n°6). No obstante,
nadie puede dar la espalda a algunos planteamientos acerca de este problema, de
los cuales aquí solamente esbozaremos un breve perfil.
Los viajes de Ptolomeo
Antonio Ribera, uno de los padres de la ufología en
nuestro país es también el pionero en infinidad de trabajos sobre la Ciencia y
las culturas antiguas. Hace 25 años tuvo la valentía de organizar una expedición
a la mágica isla de Pascua, la primera en nuestro país, con el fin de aportar
nuevos datos que alumbraran los oscuros misterios que inundan esta pequeña isla
del Pacifico chileno. En su libro Operación Rapa-Nui, Ribera exponía su punto
de vista sobre algunos de los aspectos mas problemáticos de esta isla,
especialmente todo lo que rodea a los famosos "moais", esas esculturas
gigantescas que representan extraños personajes quizás evocando la imagen de
antiguos "dioses" que nos visitaron hace miles de años.
El hallazgo en la isla de Pascua de algunos de estos
moais con la barba egipcia de los dioses, dio pistas al investigador catalán
para exponer la posibilidad de que los antiguos egipcios hubieran visitado este
lugar en un tiempo remoto. Razón no Ie faltaba. El faraón Ptolomeo III
Evergetes (246-222 a. de C.) fue el pionero en organizar grandes expediciones
para conocer que había más allá de las fronteras conocidas de Egipto. Para
lograr su objetivo se hizo con los servicios de los mejores navegantes griegos
de la epoca. Por ejemplo, el reconocimiento completo de la costa oriental hasta
el océano Indico fue una tarea encargada a Aristo quien realizó la expediciónn
entre los años 278 y 277 a. de C. Otros importantes navegantes que trabajaron
en esta época con Ptolomeo III fueron Pitágoras y Simmias. Además muchas de
las islas descubiertas en estos viajes se bautizaron con nombres griegos como
Peitolao, Pitangelo, Leos, o Licas.
El método empleado para realizar estos trayectos tan
largos con simples embarcaciones de papiro, explica Ribera en su Operación
Rapa-Nui, seguramente tuvo mucho que ver con las corrientes naturales del océano
Indico. Cualquiera que eche un vistazo a un plano de estas corrientes, puede
descubrir que no con mucha dificultad, cualquier avezado navegante pudo haberlas
aprovechado, llegando incluso hasta la isla de Pascua, en el extremo oriental
del océano. Ahora bien, este tipo de viajes, de haberse realizado, se hicieron
en el siglo III-II antes de nuestra era y no en la época faraónica propiamente
dicha tal y como propone Jairazbhoy.
Y es que, como veremos, los egipcios no tuvieron especial
predilección por el mar, ni siquiera gracias a una de las figuras mas
significativas de su panteón, de la que siempre se ha dicho que era un
divinidad del mar.
El "mar" de Osiris
Uno de los egiptólogos mas reconocidos que ha estudiado
el problema de la relación de Osiris con el mar es el belga Claude Vandersleyen,
profesor emérito de la Universidad Católica de Lovaina. Entre sus grandes
descubrimientos filológicos se encuentra la reinterpretación del termino
wadj-ur. Para Vandersleyen el problema de esta expresión egipcia gira en torno
a un error de traducción que se ha dado como bueno desde el primer tercio del
siglo pasado cuando Champollion descifro los jeroglíficos y que hasta ahora
nadie se ha molestado en estudiar de nuevo. La palabra wadj-ur, que en egipcio
significa literalmente "el Gran Verde", se suele traducir por
"mar". Sin embargo, según ha demostrado Vandersleyen, en realidad no
hace referencia al Mediterráneo o a un océano sino al Delta del Nilo, ya que
este en la antigüedad se encontraba totalmente inundado y plagado de canales y
de islotes de floreciente vegetación. Esta es la razón por la que cuando en
los textos egipcios se hace mención a las islas que hay en medio del Gran
Verde, en realidad no se esta haciendo referencia a las islas griegas del Egeo o
a Chipre, sino a las diferentes colonias extranjeras que había en el Delta y
que se asemejaban a islotes en la época de la inundación, cuando toda esta
parte del país se encontraba repleta de canalizaciones.
Parece que la hipótesis del egiptólogo belga es
acertada. Si recordamos el origen de este dios verde, todo parece indicar que su
nacimiento tuvo lugar en alguna ciudad del Delta, posiblemente Busiris. Además,
desde un punto de vista lógico, parece que tiene mas sentido el hecho de
relacionar a esta divinidad de la agricultura y la vegetación con el Delta que
con el mar en donde el agua salada destruye los cultivos.
Con esta hipótesis, Vandersleyen lo que esta haciendo
también es negar que los antiguos egipcios llegaran alguna vez a colocar sus
barcos sobre las aguas del mar Mediterráneo con el fin de realizar algún tipo
de viaje por su entorno más cercano o, especulando en demasía, alejarse de sus
costas en busca de nuevos continentes. Con este tipo de planteamientos el
profesor belga echa por tierra todas las hipótesis que hablan de las supuestas
conexiones entre America y Egipto, así como las teorías que explican la
similitud entre Osiris y el dios andino Viracocha.