MITOS
Y RITUALES DE LA ZOOLOGÍA CHAMÁNICA
Animales de Poder
Cada
especie detenta un poder, un conocimiento y unas habilidades propias. El hombre
de las culturas tradicionales y el chamán lo saben. No sólo somos parientes
biológicos, sino también hermanos espirituales y hubo un tiempo en el que sabíamos
hablar con ellos. Nuestra civilización moderna les ha negado el alma y
obstinada en considerarlos como máquinas vivientes ha olvidado el lenguaje que
teníamos en común: el idioma de
A los cinco años de mi vida mi
abuelo me hizo un arco y algunas flechas. La hierba era reciente y yo montaba a
caballo. Una tormenta se avecinaba desde donde se pone el Sol y cuando trotaba
por el bosque, a lo largo de un arroyo, vi a un muscícapa posado en una rama.
No fue un sueño; ocurrió así. Iba a disparar contra él con el arco que me
había hecho mi abuelo, pero el pájaro se me anticipó y habló:
- Las nubes que cubren lo alto
tienen un solo lado – me dijo.
Quizá aquello significaba que
todas las nubes me miraban. Y agregó:
- ¡Atiende! ¡Una voz te llama!
Miré
a las nubes, y aparecieron en ellas dos hombres cabeza abajo, como las saetas
que caen; mientras se aproximaban interpretaban una canción sagrada y el trueno
era como el redoble del tambor. Cuando estuvieron muy cerca de mí, se desviaron
hacia el lugar en que el Sol se pone y se convirtieron de pronto en gansos.
Desaparecieron. Y entonces la lluvia se abatió, acompañada de un ventarrón
bramador.
Esta fue la primera visión de
Alce Negro, un heyoka, es decir, un hombre sagrado sioux. Los animales le
hablan porque él está destinado a ser un profeta entre su gente. Para Alce
Negro los animales no son sólo un recurso de caza o un bien natural. Son seres
espirituales de gran poder, hermanos de pueblos diferentes, pero capaces de
otorgar al ser humano sus propias habilidades y conocimientos.
La comunicación se hace con el
"poder" o espíritu del animal, denominado sicun en la lengua de los
sioux. El protector del famoso jefe Toro Sentado era el águila, su animal de
poder. Este caudillo se había salvado de una forma milagrosa en numerosas
situaciones de peligro. Se le atribuía la capacidad de comprender la "voz
de los animales" y los pájaros le hablaban, previniéndole de las
asechanzas. Precisamente fue una alondra la que predijo a Toro Sentado que
perdería la vida a manos de sus propios hermanos. Su padre, a su vez, había
sido un poderoso guerrero-brujo que encontró a un bisonte que hablaba y que le
dio el nombre que debía ponerle a su hijo.
Esta relación mágica con el
resto de las criaturas no es exclusiva del chamán. Cada ser humano posee un
animal protector que forma parte de su alma y cuya pérdida convierte al hombre
en un ser vulnerable. Pese a que en Occidente ya no tenemos esta visión
trascendente en la que toda forma de vida posee un espíritu inteligente con el
que es posible la comunicación, algunas veces el hombre ha sabido encontrar la
forma de entablar relaciones de "tú a tú" con sus compañeros de
viaje: los animales.
Los mitos de todas las culturas
hablan de un tiempo original, de una Edad de Oro durante la cual todas las
especies carecían de forma y se entendían entre sí. Más tarde, cada uno tomó
su forma en el mundo visible. El hombre y los animales están relacionados, por
tanto, no sólo desde el punto de vista genético, sino también del metafísico.
¿No nos dice la ciencia moderna que todos pertenecemos al mismo reino y que
provenimos de la misma matriz ancestral?
Ahora
bien, sí en la realidad cotidiana y sensorial los hombres han perdido su
capacidad de comunicarse con los animales, en determinados estados de
consciencia, según la cosmovisión chamánica, es posible hablar con ellos. Por
eso, en todas las mitologías los animales son protagonistas de la historia de
No se trata de un coyote, un
cuervo o un águila concretos, sino del arquetipo de la especie, detentador de
sus conocimientos. Este arquetipo del animal representa el ámbito trascendente
que atesora toda la experiencia de los individuos. La clave reside en la
existencia de dos mundos, dos formas de percepción: la que corresponde al mundo
visible y la que atañe a los modos de la realidad invisible, accesible en los
estados alterados de conciencia.
El conocimiento de ambas
modalidades ha pervivido aún hasta hoy en el sistema llamado "nagualismo"
de los pueblos mayas, tanto en México como en Guatemala. El universo físico es
el mundo del tonal, el mundo de la diversidad. La palabra tonal en nahua
significa "día, calor o alma", el tonal de cada persona es su parte
racional y sensorial, la que actúa durante la vigilia. Cada individuo tiene un
tonal cuyas propiedades son las de un animal. Los tonalcecutin son los "señores
o dueños de los días". Cada uno de ellos está asociado a un animal, de
modo que el ser humano que nace ese día tendrá un tonal con la forma animal
correspondiente que caracteriza su personalidad y su manera de aprehender el
mundo. Los zapotecas mexicanos, cuando una mujer iba a tener un hijo, dibujaban
figuras de animales en el suelo y las borraban cuando estaban terminadas. En el
momento en el que la mujer daba a luz, el animal que estaba siendo dibujado en
ese momento se consideraba el tonal del recién nacido.
Rodeando e interpenetrando al
tonal está el universo del nagual, el mundo de la unidad y de los arquetipos,
donde todo es posible y existe en potencia. Cada ser humano tiene su propio
nagual – también llamado nahual o nagi –, un alter ego de forma animal. Los
brujos y hechiceros, los nahualli, lo conocen y obtienen de ahí su poder. Este
saber les permite acceder a esa realidad donde todo es posible.
Así narraba Ciervo Cojo uno de
sus encuentros con su alter ego: "De repente oí gritar a un gran pájaro y
acto seguido me golpeó en la espalda y me tocó con sus alas extendidas. Oí el
grito de un águila, fuerte, por encima de las voces de otros muchos pájaros.
Parecía decir: Te hemos estado esperando. Sabíamos que vendrías. Ya estás
aquí. Tu senda comienza aquí.. Siempre llevarás contigo un espíritu, tu otro
yo". Estos son el tonal y el nahual de los que hablaba el indio yaqui Juan
Matus al antropólogo Carlos Castaneda. El hombre de conocimiento tiene el poder
de invocar al nagi, el doble o sombra de todo lo que existe en el mundo visible.
Cada ser humano posee por tanto
su propio espíritu guardián, al que los indios americanos, como los salish de
la costa o los okanogon del estado de Washington, llaman "el animal de
poder". La persona que es capaz de retenerlo y emplear su fuerza posee el
conocimiento, no de un animal en concreto, sino de toda la especie. Este animal
se aparece en las visiones, a menudo en su forma zoomórfica, pero también
puede hacerlo tomando el aspecto de un hombre. De hecho, es llamado "el
Indio" entre los salish.
A los cocopas del río Colorado
los animales se les presentan, en sus sueños, con sus formas humanas. Y es que
una de las capacidades innatas del nagual es la transformación. Al fin y al
cabo, el tonal es sólo un mundo de apariencias, de ilusiones consensuadas. Cabe
preguntarse si el mismo sistema no está presente entre los antiguos egipcios,
para quienes los naguales serían la contraparte animal de los diferentes dioses
que combinan esta forma con la humana. El habla es además una de las características
que los animales, en el mundo del nagual, comparten con la especie humana.
Uno de los poderes característicos del chamán, como ya hemos dicho, es la
capacidad de comunicarse con los animales.
Carlos Castaneda tuvo una
experiencia de este tipo con un coyote: "Jamás me había visto tan cerca
de un coyote salvaje y lo único que se me ocurrió entonces fue hablarle...
Entonces me pareció que el coyote me respondía. Tuve una absoluta certeza de
que había dicho algo... transmitía un pensamiento y esa comunicación se
producía a través de algo muy similar a una frase". Cuando un animal nos
habla en una visión o en un sueño es una señal inequívoca, según los jíbaros,
de que ése es nuestro animal de poder. El chamán debe aprender, ya sea de un
maestro o de los propios espíritus animales, el idioma secreto de
Los indios pomo y los menomini
imitan y aprenden los cantos de los pájaros. No es de extrañar entonces que en
las sesiones chamánicas de los yakutes o de los goldes, tremendos gritos de pájaros
y animales diversos salgan de la tienda anunciando la llegada de los espíritus.
Así lo describe un investigador, Thurn, durante sus estudios entre los indios
de Guayana: "El silencio es repentinamente roto por una explosión de
gritos raros, pero terribles: son mugidos y aullidos que llenan la cabaña y
hacen vibrar los muros".
Esta capacidad de hablar le
indica al asombrado testigo que está ante un animal de poder; otras señales
son un comportamiento extraño o la visión del mismo en un medio que no es el
suyo, como las serpientes que vuelan. Como alter ego del chamán, el animal de
poder le otorga la capacidad de transformarse. En Escandinavia, los brujos
lapones tienen fama de convertirse a voluntad en osos o renos. Los esquimales y
siberianos tienden a adoptar figuras de lobos. Entre ellos abundan los relatos
humorísticos de hombres transformados que pelean entre sí: "Se
enfrentaron dos chamanes esquimales. De repente, uno se convirtió en oso polar;
el otro respondió haciéndose buey almizclero. Éste lo traspasó con los
cuernos, pero finalmente el oso logró golpear a su adversario, que le había
desgarrado un flanco. Entonces el buey dijo: ¿Porqué no retomar nuestra forma
humana?"
El águila-halcón es una de las
metamorfosis preferidas de los arunta australianos. La transformación se
experimenta de forma vívida y nada ambigua. Los chamanes sienten que sus brazos
se convierten en alas de las que brotan plumas. Famosos entre los yuki son los
"doctores oso", quienes a menudo buscan su compañía, comen lo mismo
que los plantígrados e incluso habitan con ellos. También Castaneda vivió una
experiencia en la que sintió cómo se transformaba claramente en cuervo.
A menudo la transformación se
lleva a cabo en el mundo del nagual. Dos son las técnicas básicas para
conseguirla: el uso de potentes alucinógenos por un lado y la danza por otro.
Ambas técnicas están a disposición de quienes desean consultar a su animal de
poder, aunque no sean chamanes. No se pretende imitar al animal, sino
identificarse con él. Tal es el origen de danzas tribales como las que exhiben
los indios navajo o los salish. A menudo se emplean máscaras, pieles, plumas o
partes del animal correspondiente. Los chamanes tsimshian, por ejemplo, emplean
máscaras de águila y se adosan a las manos garras de cobre.

Es frecuente que quienes sueñan
con el mismo animal de poder se unan en cultos propios. Entre los sioux, los más
extraños son los de los "soñadores de gamos de cola negra". Existen
asimismo cultos de "soñadores de alces", uno de cuyos poderes es el
de seducir mujeres. Los "soñadores de lobos" portan pieles de esta
especie y son especialistas en arrancar flechas. Los de osos llevan zarpas que
clavan en los enfermos para curarlos, pues una de sus mayores habilidades es la
sanación. Los "soñadores de caballos" eran "hijos de la
tormenta" y obtenían el poder de ésta para el combate.
Todos ellos practican danzas
rituales en las que se identifican con su animal de poder y entonan cánticos mágicos
que sirven al mismo propósito, como hacen los "Hombres Toro Búfalo"
entre los indios osage: "Nazco, nazco, yo, que con mi paso hago retumbar la
tierra. Nazco, nazco, yo, que tengo fuerza en las patas. Nazco, nazco, yo, que
cuando estoy furioso me golpeo la espalda con el rabo. Nazco, nazco, yo, que
tengo poder en mi espalda jorobada. Nazco, nazco, yo, que agito mi crin cuando
me enfado. Nazco, nazco, yo, que tengo los cuernos afilados y curvos".
El animal de poder puede ser
empleado por el chamán para consultarle cosas de importancia, conocer lo que
ocurre en un lugar lejano o incluso adivinar el futuro.
Muchos investigadores han sido
testigos atónitos de experiencias psíquicas tras éxtasis chamánicos en los
cuales los participantes se transformaban en animales. El famoso antropólogo
Kensinger, que convivió con los indios cashinahua de Perú, lo confirma: "Varios
informadores que nunca han estado ni han visto fotos de Pucalpa, la gran ciudad
que hay al final de
Y
es que para los mal llamados pueblos primitivos, la importancia de contar con un
espíritu guardián es fundamental. Para los jíbaros, un niño de corta edad no
podrá sobrevivir si no cuenta con la protección de un animal de poder. Esta
creencia es tan fuerte que a los recién nacidos se les hace ingerir un alucinógeno
con el fin de que puedan ver a su guardián en la otra realidad. Como no puede
saberse si esta ingesta ha producido el efecto deseado, cuando crece debe salir
en busca de una visión que le manifestará cuál es su guardián espiritual;
para ello debe viajar a las cataratas sagradas, un lugar que facilita el
surgimiento de la esperada visión. También las mujeres jíbaro se someten a
una experiencia de tipo visionario, aunque menos intensa. Igualmente importante
era para los okanogon norteamericanos que los niños tuvieran una visión. El
animal se presenta al muchacho con la forma de un hombre, pero el niño sabe de
qué animal se trata. A partir de ese momento está bajo su protección.
La falta de poder y de éxito en
la vida es una clara indicación de que no se tiene espíritu guardián, o se ha
perdido. De hecho, como el espíritu animal viaja mientras el cuerpo físico del
hombre duerme, existe el peligro de que se pierda o abandone a su dueño. Por
eso encontramos la creencia, difundida por todo el planeta, de que no se debe
despertar a nadie de forma brusca. El animal de poder puede asustarse y negarse
a regresar. La consecuencia inmediata es que la energía de la persona se va
disipando irremediablemente, hasta que el animal no sea recuperado o se
sustituya por otro. Cuando esto ocurre, la enfermedad y la desgracia están a la
vuelta de la esquina. Es el momento entonces de llamar al chamán, quien se
ocupará de buscar al animal perdido para reintegrárselo a su dueño.
Para los salish, la pérdida
continua de bienes y riquezas es un síntoma de este abandono. Entonces se llama
a un número indeterminado de chamanes que se alinean en dos filas para formar
una "canoa espiritual". Su propósito es viajar al otro lado. Cada uno
de ellos, coreado por una numerosa audiencia, entona el canto de su animal de
poder. El viaje, acompañado por maracas y tambores, puede durar varias noches.
Cuando encuentran el espíritu lo traen de regreso para reintegrarlo a su dueño,
quien deberá levantarse y danzar para recuperar su fuerza.
Pero el animal de poder no sólo
infunde fortaleza física y mental; también aporta alerta y autoconfianza. Las
técnicas que involucran a estos animales han resultado terapias capaces de
restablecer el equilibrio de cuerpo y mente. Recuperar la antigua relación
sagrada entre el hombre y su entorno natural parece una necesidad para el hombre
moderno. Imbuidos en el mundo del tonal, de lo racional y de lo que se percibe
con los sentidos, hemos olvidado a nuestros compañeros de viaje. Los animales
detentan un conocimiento que puede abrirnos a la percepción de una realidad más
amplia que sobrepasa y contiene a la que vivimos y experimentamos a través de
nuestros sentidos. El mundo del nagual, el mundo informe del espíritu donde
todo es posible, está a nuestra disposición. Y los guías están ahí; nos
contemplan todos los días desde las ramas de los árboles o desde el suelo. Nos
gruñen, cantan, rugen; es decir, nos hablan, pero nosotros hemos olvidado el
lenguaje de
BESTIARIO DEL ESPÍRITU
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La lista de especies que pueden
convertirse en animales de poder es enorme. Cada animal puede
considerarse como un maestro de su propia especialidad. He aquí algunos
de los más comunes y sus dominios: |
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Águila:
Es el prototipo del chamán por excelencia. Águila es el primer y más
poderoso de los chamanes en muchas culturas. Junto con el ganso es
mensajero del cielo y ave divina. |
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Alces, ciervos, renos, etc.: Incrementan y enseñan el manejo del poder interior. Se les asocia
directamente al Árbol de |
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Ardilla:
Su especialidad es la facultad de almacenar cualquier cosa y hacerlo
correctamente. De igual modo, puede transmitir su facilidad para moverse
entre los diferentes mundos en todas direcciones. |
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Ballena:
Uno de los animales favoritos entre los pueblos costeros. Conoce los
secretos de la clariaudiencia. Guía la nave del chamán en los océanos
invisibles. Domina
el secreto de la muerte y |
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Búfalo:
Conoce todo sobre la abundancia y al mismo tiempo es un sabio maestro
que puede enseñar lo que es el desapego, la contemplación y la calma
interior. |
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Búho:
El maestro de la clarividencia, capaz de aclarar lo que permanece oscuro
u oculto. Conoce el camino al mundo de los muertos y el misterio del
tambor chamánico, el poder del rayo y de las armas mágicas. |
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Caballo:
Maestro del poder y cabalgadura por excelencia del chamán. Su fuerza y
su espíritu están presentes en su tambor y en su bastón mágico.
Conoce los caminos que llevan de un mundo a otro y sabe cómo
recorrerlos. |
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Coyote:
La astucia y la inteligencia son sus especialidades. Es un maestro
poderoso que conoce los efectos mágicos y terapéuticos del humor y de
la risa. Es, sin embargo, un "compañero" peligroso, poco fiel
y dado al engaño y la trapacería. |
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Cuervo:
Conoce la ley y los misterios de la creación del Universo. Simpatiza
con el poder del trueno y del viento, y es un magnífico profeta. |
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Lobo:
Maestro de maestros, domina el arte de enseñar y aprender. Como el búho,
es un clarividente que sabe ver en la oscuridad y un guerrero feroz que
se mueve a sus anchas entre los mundos invisibles. Conductor y protector
de almas, también conoce los secretos de la abundancia. |
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Oso:
Sus especialidades son la memoria y la clariaudiencia. "La tierra
es la oreja del oso" dicen los siberianos. Es maestro iniciador y
el mejor de los expertos en el arte de seducir. No es de extrañar, si
se considera que es uno de los mejores instructores para conocer el
aspecto femenino del Universo. |
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Perro:
Lo conoce todo sobre la muerte y acerca de cómo deslizarse entre las
realidades. Los chamanes que lo tienen como aliado, se encuentran, sin
embargo, entre los menos poderosos. |
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Serpiente:
Lo conoce todo sobre los misterios de la transformación. Es maestra de
todo lo femenino, detenta poder y sabiduría y es la mejor instructora
en todo lo que se relaciona con el agua, con lo fluido y con el cambio.
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