|
|
|
|
|
En
esta fotografía, en la esquina inferior izquierda, podemos
apreciar la figura espectral de un perrro.
|
De
hecho, en el confuso mundo de las apariciones (estén dotadas o no de
alma) nadie, ni siquiera el investigador psíquico más versado, sabe
con exactitud cuál es la motivación que las respalda Lo cierto es que
rechazar el testimonio de muchos cientos de personas respetables que
afirman haber experimentado fenómenos extraños alegando que se trata
de espejismos, engaños provocados por uno mismo o mentiras manifiestas
denotaría una testarudez absurda.
La pregunta con la que se enfrentan los modernos parapsicólogos es:
¿«cómo» existen los fantasmas? ¿Son espíritus que regresan de la
muerte? ¿Son el resultado de la telepatía? ¿Se deben a una alucinación
en masa o a la autohipnosis? Los avances en psicología durante las últimas
décadas han ampliado el conocimiento de algunos aspectos de las
apariciones, pero la verdad todavía se nos escapa.
La forma más común de «fantasma» parece ser la «aparición en
crisis», que tiene lugar cuando una persona que se halla sometida a una
gran tensión -algunas veces a punto de morir- se aparece a alguien con
el cual le une un estrecho vínculo afectivo en forma de «visión» o,
a veces, como una voz incorpórea. La mayoría de los casos de
apariciones en crisis tienen connotaciones dramáticas. Por ejemplo,
algunos soldados se han aparecido a sus madres o a sus esposas justo en
el momento de sus propias muertes en remotos campos de batalla.
Victoria
Branden, en su libro Understanding
Ghosts (Entender a los fantasmas), cita el caso de una amiga suya
que fue evacuada, junto con sus hijos, desde Inglaterra a Canadá
durante la Segunda Guerra Mundial debido a un problema de salud,
mientras su marido estaba en el ejército en Europa. Una noche, los niños
estaban ocupados can sus deberes mientras su madre estaba planchando Según
contó a la señora Branden, tenía bastante sueño De pronto, vio la
puerta de la habitación abierta y a su marido uniformado que entraba.
Antes de que pudiera recobrarse de su asombro, había desaparecido. Ella
dejó la plancha y se sentó casi desmayada en una silla. Los niños
rodearon a su madre angustiados, y cuando ella les comunicó lo que había
pasado, ellos aseguraron que no habían visto nada. La puerta, desde
luego, no se había abierto en ningún momento. Sin embargo, la madre y
el hijo mayor habían leído algo acerca de apariciones en crisis y
llegaron a la conclusión de que la visión significaba que el marido
había resultado muerto o herido. Tomaron nota de la hora y de las
circunstancias, en que se había producido el hecho, pero esto fue lo único
que pudieron hacer.
Unos días más tarde llegaron noticias que les tranquilizaron: el
marido había sido inesperadamente designado para asistir en Canadá a
unos programas de entrenamiento en un campo muy cercano al lugar donde
se hallaba su familia Esto significaba que podría vivir con ellos
mientras estuviera allí. Cuando la pareja, por fin, se reunió, el
marido dijo que la noticia le había llegado como un feliz sobresalto.
No recordaba haber «proyectado» conscientemente ningún pensamiento
hacia su mujer, pero llegaron a la conclusión de que probablemente él
había abierto la puerta del despacho de su jefe después de oír la
noticia aproximadamente a la misma hora en que la mujer había «visto»
su puerta abierta.
Un punto interesante acerca de este incidente es que la esposa se
hallaba en un estado de considerable somnolencia en aquellos instantes,
con la mente en un estado abierto y receptivo. En cambio, los niños,
que estaban muy concentrados en sus deberes, no vieron ni sintieron
nada.
De
todos modos, permanece como un misterio la forma exacta en que se
transmite la información telepática, sea en este caso o cualquier otro.
Sin embargo, los científicos señalan que la percepción es una cuestión
mucho más compleja de lo que parece en un principio: algunos sueños
muy vívidos, por ejemplo, parecen a menudo perfectamente sólidos y con
existencia física, y en tales casos la persona que percibe no está
recibiendo información a través de sus ojos. Un hipnotizador puede
decirle a un sujeto que, cuando despierte, sólo el hipnotizador estará
en la habitación, aun cuando haya otras personas presentes; y
efectivamente, cuando el sujeto recobre el conocimiento, no verá a los
presentes hasta que el hipnotizador retire la sugestión.
Un mecanismo parecido puede darse en casos de telepatía, aunque parece
mentira que el agente -o persona que «envía» la alucinación- pueda
conseguir, a mucha distancia e incluso en estado inconsciente, lo que el
hipnotizador logra por medio de unas instrucciones muy específicas.
|
|
|
Los
casos de apariciones en crisis son más frecuentes en épocas de
guerra. Al parecer la conmoción de la muerte provoca una especie
de comunicación telepática entre una persona que se haya en
peligro y sus seres queridos. Sin embargo, éstos raramente
reciben una visión de un soldado agonizante.
|
La
evidencia señala que, en las apariciones en situaciones de crisis, la
mente del agente desempeña un papel mucho menor que la de la persona
que percibe. Si observamos los casos registrados, se hace patente que el
agente raramente aparece tal como es en el momento de la «transmisión»:
la persona que percibe no ve un cuerpo mutilado en un coche o un soldado
herido a punto de morir en una trinchera, sino lo que parece ser una
imagen normal del agente que, además, se relaciona con el ambiente que
rodea al que percibe.
Este punto es destacado por G. N. M. Tyrrell en su libro Apparitions
(Apariciones). Este autor señala que las apariciones en casos de crisis
han sido las causantes de fenómenos no fantasmales tales como sombras
proyectadas o reflejadas en un espejo.
Pero la telepatía puede explicar muy pocos casos de apariciones
colectivas, en las que un grupo de personas presencian la misma cosa.
Uno de los casos más curiosos ocurrió a finales del siglo XIX y fue
relatado por Charles Lett, yerno del capitán Towns, de
Sydney. Un día, hacia las 9 de la noche, seis semanas después de la
muerte del capitán, la hija de éste, la señora Lett, y una amiga, la
señora Berthon entraron en un dormitorio de la casa del difunto.
La luz estaba encendida y se asombraron al ver, reflejada en la
superficie brillante del armario, la imagen del capitán Towns. Era...
como un retrato de medallón, pero de tamaño natural. El rostro aparecía
triste y pálido... y llevaba puesta una especie de camisa de franela
gris, con la cual solía dormir. Sorprendidas y alarmadas por lo que veían,
su primera idea fue que había un retrato colgado en la habitación y
que lo que veían era su reflejo, pero no había tal retrato. Mientras
estaban mirando, la hermana de mi mujer, la señorita Towns, entró en
la habitación, y antes de que ninguna de las dos tuviera tiempo de
hablar exclamó: '¡Dios mío! ¿Veis a papá?' Una de las criadas que
pasaba por allí fue llamada a la habitación. Inmediatamente gritó: '¡Oh,
señorita! ¡El señor!' Llamaron al criado del capitán, al mayordomo y
a la enfermera, quienes también reconocieron de inmediato al difunto
dueño de la casa.
Finalmente
vino la señora Towns, la cual avanzó hacia la aparición con el brazo
extendido: a medida que pasaba la mano sobre el panel del armario la
figura se iba desvaneciendo y no volvió a aparecer nunca.
Los parapsicólogos partidarios de atribuir un origen telepático a
todas las apariciones dirían probablemente que la visión afectó
primeramente a la señora Lett o a la señorita Berthon, las cuales la
transmitieron mediante transferencia de pensamiento a todos los que
llegaron después. Pero la pregunta es la misma: en primer lugar, ¿de dónde
vino la visión?
Uno de los pioneros de la investigación psíquica, F. Myers,
autor de Human Personality and its Survival of Bodily Death (La
personalidad humana y su supervivencia tras la muerte corpórea), sugirió
que en ese caso se trataba del espíritu o «esencia» del capitán
Towns que estaba echando una última mirada a su vieja casa seis semanas
después de su muerte. Myers dijo que una aparición «puede ser una
manifestación de una persistente energía personal» y citó varios
casos para ilustrar su afirmación.
En uno de ellos, un viajante, el señor F. G., llegó una tarde a su
hotel en Boston (Estados Unidos), y se sentó a trabajar en su habitación.
De pronto, percibió la presencia de alguien y al levantar la vista vio
a su hermana, que había muerto hacía nueve años. Se puso en pie de un
salto, lleno de alegría, y al llamarla por su nombre desapareció.
"Apareció con el mismo aspecto que de viva", pero añadió
que tenía una pequeña marca roja en la mejilla derecha.
Trastornado, el señor F. G. hizo una visita inesperada a sus padres y
les contó su experiencia. Cuando mencionó la marca, su madre se
emocionó profundamente: ella misma había dejado la señal
accidentalmente, en el cuerpo ya muerto de su hija, cuando lo estaba
preparando para el entierro. Dos meses después la madre murió.
Myers sugirió que la aparición era el espíritu de la difunta muchacha
que inducía a su hermano a ir a casa para que viera por última vez a
su madre antes de la muerte de ésta.
En el caso de una aparición asociada persistentemente a un lugar o a
una casa -o a veces incluso a una persona-, quienes creen en una vida
futura afirman que el espíritu está atrapado en su entorno terrenal
quizá debido a una tarea que no acabaron, o bien a un castigo, como les
sucede a las clásicas «almas en pena» del folklore popular. Sin
embargo, a diferencia de los fantasmas de las novelas, estas apariciones
no parecen tener que cumplir ninguna función determinada. Como hacía
el doctor Harris de Nathaniel Hawthorne, suelen pasear
tranquilamente, leer, mirar fijamente por las ventanas, o dedicarse a
otras ocupaciones igualmente banales.
Sin embargo, los parapsicólogos suelen afirmar que en ciertos casos
puede haber quedado impreso en un lugar una especie de registro psíquico,
quizá debido a un acontecimiento violento o a una fuerte emoción
generada allí. En estos casos, la aparición no sería un espíritu
sensible, sino meramente una proyección, como una película de cine. Ésta
parece ser la explicación más probable para la aparición de Edgehill.
También tiene relación con las teorías de la telepatía; si una
persona puede enviar telepáticamente una imagen de sí misma a la
persona que percibe, ¿no podría también enviar una especie de imagen
que flota libremente y que permanece «colgada» en la atmósfera, para
ser recogida por cualquier persona suficientemente sensible?
Tal concepto explicaría también las « otografías» de apariciones;
en tales casos, la película fotográfica puede haber sido más sensible
al entorno que su operador; a la inversa, cuando un fotógrafo ve un
fantasma y su cámara no consigue captarlo, puede que sea la persona la
que se muestra hipersensible.
Si los fantasmas son posibles, puede que no sean siempre iguales. Andrew
Green, en su libro Ghost Hunting (Caza de fantasmas), cita el
caso de una mujer vestida con zapatos y vestido rojos y una toca negra,
de la que se decía que había merodeado por una mansión en Inglaterra
en el siglo XVIII. A principios del siglo XIX se dijo que la aparición
era la de una dama con "zapatos y vestido rosas, y una toca gris".
No fue vista de nuevo hasta mediados del siglo XIX, cuando la figura había
quedado reducida a "una dama con vestido blanco y pelo gris".
Justo antes de la Segunda Guerra Mundial, lo que se percibía era el
"sonido de una mujer andando por un pasillo y el crujido de su
vestido". En 1971, poco antes de la demolición de la mansión, los
trabajadores sintieron simplemente "una presencia en uno de los
pasillos".
Todos estos argumentos pueden explicar las apariciones de seres
aparentemente sólidos y vivos en lugares en que tales seres no deberían
estar. O quizá no las expliquen todavía del todo. Las modernas
investigaciones científicas ofrecen constantemente nuevos puntos de
vista sobre los viejos fenómenos. Los fantasmas, tanto si son humanos
como si no, tanto si son animados como inanimados, pueden todavía
demostrar que pertenecen a una esfera de la realidad hasta ahora
impensable en nuestra filosofía.
El
Fantasma Que Crecía y Crecía
|
|
|
Frank
Smith, inventor del fantasma del muelle de Ratcliffe frente a la
iglesia de St. Anne.
|
Uno
de los principales problemas con los que se enfrenta el investigador psíquico
objetivo es el de la total credibilidad humana. A la gente le gusta una
buena historia de fantasmas y tiende a embellecer cualquier narración;
de forma que después de contarla unas cuantas veces, los hechos
absolutos son sólo un conglomerado de invención.
En el verano de 1970, Frank Smyth, que por entonces era redactor
asociado de la revista Man, Myth and Magic, se dedicó a estudiar
la forma que tomaba tal credibilidad. Se inventó, pues, un fantasma, al
que añadió una localización, un pasado y unos «testigos», y publicó
la historia en la revista.
La invención fue realizada al azar. Una mañana de domingo, Smyth había
ido a los muelles de Londres a encontrarse con John Philby, cuya
empresa de edificación estaba renovando un solar en el muelle Ratcliffe,
y Smyth decidió que el muelle desierto era lo suficientemente
misterioso como para ofrecer una localización a su fantasma. Junto al
muelle Ratcliffe se hallaba la semiderruida iglesia de St. Anne; esto,
sumado a que era domingo por la mañana, influyó a Smyth para hacer que
su fantasma fuera el de un pastor protestante. Junto al muelle está
Ratcliffe Highway, vía pública que en otra época -hacia finales del
siglo XIX- estuvo llena de burdeles, bodegas y casas de huéspedes
baratas. La proximidad de esta vieja carretera le sugirió a Smyth que
su vicario había sido el propietario de una pensión de marineros, a
los que había asaltado cuando volvían a casa cargados con la paga, los
había matado y había lanzado sus cuerpos al Támesis. De esta forma
quedó bastante redondeado el pasado del fantasma.
Philby, antiguo corresponsal de guerra, y Smyth decidieron que los
nombres de los testigos presenciales del fantasma serían sus propios
nombres y el de uno de los empleados de Philby; el fantasma sería la
figura de un hombre viejo de pelo blanco con un bastón. También
acordaron que si alguien, ya investigador o amateur, les hacía
preguntas sobre el «fenómeno», confesarían inmediatamente que era
inventado.
Después Smyth escribió la historia como un hecho «verídico» en un
artículo para la revista Man, Myth and Magic. No hubo nadie que
solicitara las credenciales del «Vicario fantasma del muelle Ratcliffe»;
pero en los meses siguientes, aparecieron ocho libros que se proponían
contar la historia del verdadero fantasma; ¡y cada uno de ellos
presentaba al vicario fantasma! Sólo uno de ellos, escrito por un
colaborador del Sunday Times de Londres, trataba el asunto con
cierto escepticismo. Los otros no sólo volvían a narrar la historia
sin comentarios críticos, sino que además uno de ellos embellecía la
historia hasta límites insospechados.
En 1973 Smyth escribió un artículo para el Sunday Times, en el
que contaba la historia. Posteriormente realizó una película para la
BBC2 titulada A Leap in the Dark (Un paso en la oscuridad), en la
que volvía a contar la invención, y donde también aparecían una
serie de personas que declaraban haber visto en realidad al fantasma del
vicario. Un hombre decía que había visto a un viejo vestido como un
pastor protestante del siglo XVIII caminando por la carretera a unos 300
m del muelle Ratcliffe. El escritor Jilly Cooper contaba que al
entrevistar a un policía a punto de retirarse de la fuerza
metropolitana del River Branch, le había dicho que, cuando era joven,
no tenía ningún deseo de entrar en el muelle Ratcliffe por temor al
cura fantasma. Y un barquero del Támesis aseguraba haber visto la
figura del vicario entre las sombras del muelle Ratcliffe unos meses
antes de que apareciera la historia en la revista. Después del programa
de televisión, la BBC recibió muchas cartas que relataban apariciones
posteriores.
No hay ninguna base real para la historia del fantasma del muelle de
Ratcliffe. Ninguno de los informes de Wapping -ni de ninguna otra zona
de los Docklands de Londres presenta ningún relato sobre el cura
fantasma. El hecho es que gente a priori racional aún proclama haber
visto ese fantasma, a pesar de haber sido rebatido con una amplia difusión.
Un investigador psíquico ha sugerido que el fantasma de Smyth ha podido
existir y que se lo hizo saber de alguna manera, aunque él creyera que
sólo era producto de su imaginación.
|