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Opiniones Muy Discutibles, Llegadas Del Pasado
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La Gran Pirámide
de Keops. Todos los historiadores, arqueólogos y egiptolólogos,
entre otros, se han hecho la misma pregunta: ¿Por qué levantarón
los egipcios las pirámides y con qué finalidad?. ¿Acaso no
fueron ellos quien las construyeron, y simplemente se dedicaron a
decorarlas con sus relieves y jeroglíficos?
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En
los inicios de la era cristiana, el romano Plinio el Viejo, ese
mismo imprudente sabio que se aproximó demasiado al Vesubio en erupción
y no vivió para contar su temeraria experiencia, decía que las pirámides
fueron loca ostentación de unos reyes vanidosos, sin caer en la cuenta
de que faraones poderosos como Ramsés II o Amenofis III,
bajo cuyo reinado surgieron las estatuas de veinte metros de Abu-Simbel
y los colosos de Mennón, que debieron ser tan vanidosos o más que los
otros, jamás tuvieron su pirámide personal.
Otro sabio que se metió con las pirámides fue el historiador Flavio
Josefo (37-95 d.C.), quien escribió obras tan importantes como Antigüedades
judaicas y Las guerras de los judíos y que, al aludir en algún
momento de su existencia a las presuntas tumbas faraónicas, declaró
que eran construcciones tan gigantescas como inútiles.
¿Conocía Flavio Josefo -quien era judío, como el lector habrá
adivinado al instante- cuál fue la verdadera utilidad de las pirámides?
¿Creía que sirvieron de tumba a los faraones, como se viene repitiendo
desde hace cientos y miles de años, o tenían otra utilidad? Para los
judíos, la palabra pirámide procedía de otra de origen hebreo que
quería decir trigo, y la aplicaban a los enormes graneros de piedra
utilizados por José para conservar las cosechas y lucirse ante
el faraón en los años de hambre.
Pero Flavio Josefo no era ningún tonto. Sabía muy bien que las pirámides
eran muy anteriores al arribo de José a Egipto y que jamás pudieron
ser depósitos de granos, por esta sencilla razón: penetrar los hombres
cargados con costales de trigo, que debían pesar lo suyo, a través de
los angostos pasajes, sin aire casi para respirar, hasta llegar a una
sala de reducidas dimensiones, ¿acaso no debió parecer al historiador
judío la tarea más absurda del mundo, además que debió ser un
trabajo de los mil diablos?
No hay duda de que Flavio Josefo no sintió jamás gran aprecio por las
monumentales pirámides ni por nada que oliese a egipcio. Después de
todo era judío. Pero los griegos no opinaban igual. Cuando Herodoto
se presentó ante
la Gran Pirámide
quedó maravillado, tanto que creyó con los ojos cerrados las
exageraciones que le contaron los sacerdotes egipcios. Los romanos
pusieron también los ojos cuadrados al contemplar las pirámides, así
como los viajeros árabes y otros visitantes de Oriente llegados a
Egipto a partir del triunfo de Alá. Estaban seguros de que sólo unos
magos pudieron levantar aquellos monumentos increíbles.
También
los turistas europeos de
la Edad Media
que se aproximaron a las pirámides abrieron la boca de asombro, pero
eran tan pocos ellos y tan incultos los europeos de aquellos tiempos que
nadie creyó en sus frases de elogio. Hubo que esperar el arribo del ejército
napoleónico, en julio de
1798, a
los ocultistas que les siguieron y a los egiptólogos que arribaron pisándoles
los talones, para que se comenzara a dudar de cuanto dijeron Plinio,
Flavio Josefo y los demás.
Algo debían poseer las pirámides, además de su innegable
majestuosidad, se dijeron, para entusiasmar a quienes las contemplaban.
Y comenzaron a estudiarlas con ahinco, para averiguar para qué
sirvieron. Y así se ha seguido hasta la fecha.
Lo Primero Era Conocer Su Etimología
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Dios
Ra: dios creador y personificación del Sol. Suele aparecer como
un hombre con cabeza de halcón o de toro y también tocado por el
disco solar.
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La
toponimia es la ciencia de descubrir el sentido de una palabra, casi
siempre lugar geográfico, a partir del nombre que tiene en la
actualidad y comparándolo con el que tuvo en otros tiempos.
Esto quiso hacerse con el origen de la palabra pirámide, sin saber si
era de origen egipcio, judío, griego o muy anterior, perteneciente tal
vez a una lengua que ya no existe. Por culpa de este desconocimiento se
ha querido dar varios significados a la palabra.
Recuérdese que una misma palabra cambia al pasar de un pueblo a otro
que lo domina. Cuando a Herodoto le dijeron que
la Gran Pirámide
fue construida por el faraón Khufu, se le hizo sencillo darle el
nombre de Keops, porque resultaba más familiar a sus oídos. De
igual manera, cuando los españoles escucharon en Tenochtitlan el nombre
considerado bárbaro por ellos de Huichilipochtli, consideraron
que resultaría más grato si lo llamaban Huichilobos.
Algunos autores han querido ver la relación 3.1416 en el nombre de la
pirámide, recordando que la suma de los cuatro lados de la base
dividida por la mitad de la altura es aproximadamente igual a pi.
La siguiente partícula, que es ra, coincide según ellos con el Ra,
o dios solar, tan respetado por los egipcios, y vienen así a confirmar
que
la Gran Pirámide
fue un templo dedicado al culto solar, entre otras cosas.
¿Es ésta la versión más apegada a la verdad? No, exclaman otros
autores, convencidos de que esta palabra se inicia con el término
griego pyr, que significa fuego. Surgen entonces dos alternativas:
una, que la pirámide tiene forma de llama, explicación que se antoja
ridícula para quienes pretenden aproximarse a la verdad. Declaran éstos
que el fuego de la pirámide no está en su forma, sino que ese fuego
arde en su interior. Y en apoyo de sus palabras dicen que los griegos
habían oído hablar de ciertas propiedades de las pirámides, sin saber
exactamente en qué consistían, y que por esta razón les dieron este
nombre, sin comprobar si procedían correctamente.
El Francés Que Descubrió Un Misterioso Poder
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Se
han realizado experimentos con modelos a escala de
la Gran Pirámide
de Keops, introduciendo alimentos en su interior, los cuales se
secaron rápidamente en vez de pudrirse. También se ha
experiemntado con cuchillas de afeitar gastadas, las cuales
volvieron a estar afiladas tras permanecer dentro de la pirámide.
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Los
libros que se ocupan de describir a la majestuosa Gran Pirámide jamás
se molestan en aludir a la visita que cierto francés llamado Antonio
Bovis le hizo a comienzos del presente siglo, mucho menos al
descubrimiento que realizó en la llamada Cámara del Rey, del cual
obtendría muy jugosos beneficios económicos medio siglo después un
ingeniero checoslovaco cuyo nombre era Karol Drbal.
Este monsieur Bovis recorrió
la Gran Pirámide
de un extremo al otro, se internó por los largos corredores, anduvo por
la Gran Galería
y llegó finalmente a
la Cámara
del Rey. Y entonces se encontró con algo que lo dejó intrigado. En el
suelo de piedra de la cámara estaban tirados los cuerpos sin vida de
ratas, insectos y de algún gato que entró por error donde no debía y
murió de pánico y de hambre, al no encontrar la salida.
Pero lo más extraordinario del hallazgo era que todos los animales
estaban completa y absolutamente deshidratados, convertidos en auténticas
momias. ¿Era el aire seco del desierto, que con gran dificultad
alcanzaba hasta el interior de la pirámide, el culpable del curioso fenómeno?
¿Se debía a una desconocida propiedad de la construcción, que sería
bueno investigar?
Bovis regresó a su patria y fabricó un modelo a escala de
la Gran Pirámide
, de madera, y la orientó de acuerdo con el eje magnético del planeta,
como había leído que se encuentra la construcción. A continuación
fue en busca del primer voluntario para realizar una prueba. Quiso la
mala . suerte que pasara un gato cerca, que fue sacrificado en aras de
la ciencia e introducido en el interior de la pirámide casera, sobre
una pequeña plataforma situada a dos tercios de la punta superior. Y se
dispuso a esperar. ¿Se pudriría el gato? ¿Le sucedería lo mismo que
a los animales hallados en
la Gran Pirámide
egipcia?
Sucedió entonces algo que parecía desafiar a las leyes biológicas, a
las leyes físicas y hasta a las del sentido común: a pesar de que
monsieur Bovis vivía en una población húmeda y fría, tan diferente
de la atmósfera seca del desierto egipcio, el gato se convirtió en
cosa de días en una momia perfecta. ¡La pirámide a escala funcionaba!
Envió el científico aficionado un informe a los periódicos y a
la Academia
de Ciencias de París, contando lo sucedido, muy ufano por el
descubrimiento que acababa de realizar. Pero, al igual que sucede cada
vez que un ser humano tiene una idea brillante o inventa algo que se
sale de lo cotidiano, los científicos y los periodistas tildaron a
Bovis de loco y estúpido y le aconsejaron dejar estas cosas a quienes sí
sabían de ellas. Así que monsieur Bovis, que no deseaba enojarse, tiró
la pirámide de juguete a la basura, con todo y la inocente momia gatuna,
y decidió olvidarse del asusnto. Y el asunto quedó durmiendo el sueño
de los justos hasta el año 1949.
Comienzan A Mercantilizarse Las Pirámides
Nueve
años antes, los norteamericanos Veme L. Cameron y Ralph
Bergstresser habían realizado experiencias con piramiditas e
incluso escribieron un libro que nadie compró, pero el checo Karol
Drbal leyó en 1949 alguna referencia a la pirámide del francés y
quiso repetir la curiosa experiencia. No le importaba el qué dirán si
a cambio de esto lograba divertirse con el aparatito. Pero no se limitó
a introducir animalitos muertos en el modelo que fabricó.
Hizo
la prueba con un dedo lastimado, para ver qué sucedÍa, repitió el
experimento, con hojas de plantas, huevos frescos, pedazos de carne y
fruta. Y también, quién sabe por qué razón, repitió la experiencia
con hojas de afeitar usadas.
Obtuvo resultados increíbles. Que secasen las heridas del cuerpo o que
se momificasen los animales muertos, era algo que había esperado, pero
¿cómo era posible explicar lo que sucedió con las hojas de acero?
Construyó la primera pirámide en serio, que tituló Pirámide
afiladora de hojas de afeitar, y fue a presentarla en la oficina de
patentes. Se rieron de él. No se desalentó y siguió insistiendo,
hasta que en 1959 accedió a realizar con la pirámide una experiencia
el jefe de la oficina y quedó tan convencido que dieron al invento el número
de patente 91.304.
Drbal se puso a fabricar pirámides a escala, de 15 centímetros de
altura, pero de diferentes materiales -madera, cartón o plástico-,
hasta que finalmente utilizó la espuma de poliestireno.
Comenzó a ganar dinero con los objetos curalotodo, que no tardaron en
ponerse de moda en Europa y muy pronto cruzaron el mar para enseñar a
los norteamericanos lo que debe hacerse cuando se corta alguien un dedo
o en otras ocasiones igualmente importantes. Entre otras cosas, se
descubrió que las pirámides de juguete arreglaba los relojes
descompuestos y devolvía el vigor perdido a los importantes.
Por su parte, los ocultistas añadieron otra propiedad de la pirámide:
se escribe un deseo en un papel, se introduce en la pirámide encontrándose
orientada de norte a sur, y no tardará en ser concedido el deseo.
¿En Qué Consiste El Secreto De
La Energía Piramidal
?
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El
poder de la pirámide puede ser concentrado dentro de un marco de
forma apropiada, según afirman algunos.
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Los
fabricantes de hojas de afeitar aconsejan no pasar un trapo, ni siquiera
limpio, por el filo, sino lavar la hoja bajo un simple chorro de agua.
Esto es debido a la estructura cristalina del filo. Una acción brusca
puede eliminar los cristales y dejar inservible la hoja.
Los cristales son como seres vivientes, puesto que crecen y se
reproducen por sí solos. Algunos cristales, como los del cuarzo, poseen
la propiedad de emitir débiles corrientes eléctricas al ser
estrujados, como si fuera una protesta contra el mal trato. En cuanto a
la hoja de afeitar, desaparece una buena parte de sus cristales al ser
usada. En teoría, hay razones para suponer que al paso del tiempo estos
cristales llegarán a reponerse, si la hoja no se oxida antes. Pero
sucede que al colocar la hoja en el interior de la pirámide, por pequeña
que sea, el fenómeno se acelera. ¿Cómo
explicar este aparente milagro?
Sabemos que el Sol envía sus rayos luminosos en todas direcciones y que
al chocar contra objetos como
la Luna
, esa luz del sol se polariza y comienza a vibrar en una sola dirección.
Esta luz polarizada es susceptible de destruir el filo de una hoja de
afeitar expuesta a la luz de la luna, pero no explica el efecto
contrario, tal como se produce dentro de la pirámide. ¿Acaso
la Gran Pirámide
y sus imitaciones de bolsillo actúan como lentes capaces de recoger la
energía cósmica, o como catalizadores que aceleran el crecimiento de
los cristales?
Otro checo que deseaba también descubrir una propiedad maravillosa y
enriquecerse al mismo tiempo, un tal Robert Pavlita, desarrolló
poco más tarde el llamado generador psicotrónico, una máquina
supuestamente capaz de almacenar energía originada en la mente humana.
Cuando una persona se concentra en algunos puntos del generador, atrae
éste energía no magnética y se mueven entonces los pequeños motores
que funcionan en el vacío, además de purificarse el agua contaminada y
acelerar las plantas su crecimiento. Este señor Pavlita afirma que su máquina
puede leer la mente, controlar los pensamientos, predecir el futuro y
comunicarse con entidades de otros planos de la existencia.
Lo más curioso de esta máquina psicotrónica es que no la inventó
Pavlita. Confiesa que halló el principio en viejos manuscritos que
existen en
la Biblioteca
de Praga: tratados de magia negra basada en una tecnología ocultista
desarrollada por una civilización anterior a la egipcia y a la sumeria.
Quién sabe si el invento de este segundo checo pueda tomarse en serio,
pero es indudable que el hallazgo de Drbal está inspirado en
misteriosas fuerzas que el ser humano todavía desconoce.
¿Existía Un Secreto Para Liberar
La Energía
?
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Planos
de las pirámides de Kefrén y Mikherinos. Se pueden apreciar las
distintas cámaras y corredores que poseen estas dos pirámides de
la Meseta
de Gizeh.
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¿Engendra
la geometría tan especial de la pirámide un campo magnético en su
interior, en combinación con las fuerzas telúricas? La verdad es que
se ignora cómo opera este fenómeno, que tal vez conocían los antiguos
egipcios. ¿Descubrieron esta fuerza accidentalmente y decidieron
utilizarla en su provecho? ¿Existió una raza supercivilizada que conocía
el secreto de la energía piramidal y se lo enseñó a sus discípulos,
los sacerdotes egipcios?
La ciencia comienza a cambiar. Algunos sabios de mente más abierta se
apartan ya del dogma absurdo que los ha mantenido sumergidos en el fácil
conformismo y comienzan a interesarse en los misterios que acompañan al
hombre. Están estudiando las características físicas y geométricas
de las pirámides en general, seguros de que ocultan grandes cosas.
Hacen caso omiso de lo tradicional y de las leyes establecidas y buscan
una función física posible de la forma piramidal.
Están ahora seguros de que, por su forma terminada en punta, las pirámides
acumulan la energía cósmica, las vibraciones magnéticas y las ondas
energéticas desconocidas. Es decir, que las pirámides actúan como
condensadores, como cristales polarizados de aumento de ciertas
manifestaciones de la energía. Aceleran la velocidad y la intensidad de
las ondas telúricas procedentes de las capas freáticas sobre las
cuales levantaron los antiguos estas construcciones, creando en su
interior un vacío biológico que es capaz de provocar cambios en la
materia orgánica.
No hay duda de que si los egipcios, los mayas, chinos, olmecas, babilónicos
y toltecas construyeron las pirámides cerca del agua o sobre mantos acuíferos,
era porque conocían el secreto de la liberación de inmensas cantidades
de energía. Conocían también las alteraciones del campo magnético
terrestre y su intensidad, y por esta razón acondicionaron las pirámides
en lugares donde, según habían descubierto, era más intensa la
influencia cósmica. Y estos lugares se encuentran en una angosta faja,
a la altura del Trópico de Cáncer.
La Tierra está sometida a una interacción electromagnética y
radiactiva con los otros planetas de nuestro sistema solar, que influyen
decisivamente en la vida orgánica. El campo magnético intercepta a las
radiaciones cósmicas, y las partículas procedentes del cosmos
describen trayectorias que se orientan de acuerdo con las líneas del
campo magnético. Esto tampoco lo ignoraban los egipcios -o sus
maestros-, quienes consideraban además que el Sol tiene mucho que ver
con este fenómeno. Con justa razón lo consideraban sagrado. Y sabían
igualmente los egipcios que las manchas y las tormentas solares influyen
en los seres humanos y en la vida que los rodea.
Lástima que estos fenómenos fuesen olvidados a partir de la caída de
Roma, cuando se abatieron sobre el mundo las tinieblas de
la Edad Media
y sólo algunos sabios solitarios, como los alquimistas, siguieron
estudiándolos, gracias en parte a los viejos documentos que lograron
rescatar.
Fue la intervención de Antonio Bovis la que impulsaría más tarde el
estudio de las pirámides. Se han comenzado a estudiar las propiedades
de las pirámides y que influyen no sólo en la materia, sino también
en la mente. Los enfermos atendidos en salas de forma piramidal mejoran
antes, tanto del cuerpo como del espíritu.
¿Resucitarán
Algún Día Los Faraones?
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Momia
del faraón Ramses III. Los sacerdotes egipcios momificaban a los
difuntos con la intención de que algún día resucitarían.
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Los
sacerdotes de las primeras dinastías egipcias anteriores a los
conocidas no eran ajenos a las propiedades de las pirámides. Las
utilizaron en beneficio de los faraones muertos, para que se conservasen
eternamente, convertidos en momias deshidratadas, como si fuesen
ciruelas pasas o carne seca, que recobran parte de sus propiedades al
humedecerse.
¿Con qué objeto realizaban los sacerdotes esta cuidadosa operación,
que dejaba al faraón listo para desafiar al tiempo? ¿Pensaban acaso
que los faraones resucitarían algún día, o estaban seguros de que así
sucedería?
A cualquiera de nosotros nos parecerá esta posibilidad sumamente
aventurada, por no decir absurda, y sin embargo aceptamos en la
actualidad los beneficios de la criogenia. En algunos países de América
y de Europa existen sociedades criogénicas, que se dedican a conservar
a muy baja temperatura los cadáveres de seres que murieron con la
esperanza de ser resucitados en el futuro, cuando se descubra el remedio
para el mal incurable que los condujo, irremediablemente a la tumba.
Científicos soviéticos han logrado congelar durante un corto tiempo vísceras
de animales que volvieron más tarde a la vida. De igual manera se
utiliza el frío para conservar el esperma de los sementales y aplicarlo
en la fecundación artificial. En consecuencia, no hay por qué no
aceptar la posibilidad de que algún día pueda realizarse la misma
operación con un cuerpo humano entero.
Tal vez para este fin sirvieron las pirámides. Parece tema para una
novela de ciencia ficción y sin embargo los científicos han
contemplado el problema con mucha atención. En 1951, la bióloga soviética
Olga Lepichinskaya había afirmado ya que las células del
organismo pueden ser reconstruidas, en teoría. Más tarde, el Dr.
Elof Carlsson, de
la Universidad
de California, añadiría que, también en teoría, es posible
reconstruir una momia, aunque haya permanecido muerta durante miles de años.
Para ello, sería preciso retirar un gen del tejido modificado y obtener
del mismo las moléculas de ADN necesarias para reestablecer el código
genético del individuo en cuestión. Se extraería a continuación el núcleo
de una célula fértil de un ser humano cualquiera, que sería
sustituida por el núcleo obtenido a partir del tejido momificado. La
operación parece una locura, por supuesto, pero los biólogos estiman
que podrá realizarse antes de que haya transcurrido un siglo más.
¿Era por esta razón, entre otras, que los maestros de los primeros
egipcios les aconsejaron levantar enormes edificios de piedra, de forma
piramidal?
¿Por Qué
Dejaron De Pronto De Construir Pirámides?
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En
estos vasos canopos los sacerdotes introducían las vísceras de
los difuntos antes de momificarlos. Había cuatro vasos canopos
distintos, donde cada uno de ellos albergaba un órgano distinto.
Es decir el de cabeza de hombre contenía el hígado, el de cabeza
de mono los pulmones, el de cabeza de chacal el estómago y el de
halcón los intestinos.
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En
algún momento de la historia, los egipcios dejaron de construir pirámides.
¿Sería porque perdieron el conocimiento exacto de sus propiedades
maravillosas? Debió existir un faraón que tenía una idea muy vaga de
las ventajas que proporcionaban estos edificios, y aunque deseaba
levantar una pirámide para seguir con la tradición, llegó a la
conclusión de que no disponía de los medios suficientes.
Hicieron cálculos sus ministros y sus sacerdotes y cayeron en la cuenta
de que harían falta docenas de miles de hombres en la construcción,
que no habría suficiente trigo en todo el país para alimentarlos, que
ni siquiera habría espacio vital para que los obreros pudiesen moverse,
que la tarea llegaría a su fin muchos años después, cuando el faraón
no pudiese gozar ya de las muchas ventajas atribuidas a la pirámide. La
verdad es que había olvidado la técnica de construir pirámides.
Se le ocurrió mucho más sencillo. Los sacerdotes se dedicaron a sacar
las vísceras de los difuntos faraones, por la nariz o por una pequeña
incisión practicada en el vientre, que guardaban muy cuidadosamente en
unos recipientes. En cuanto al cuerpo, pensaron que lo mejor sería
envolverlo en vendas previamente impregnadas de aceites y esencias. El
clima se ocuparía de lo demás. Nada se perdería de los faraones, y el
día que fuesen a resucitar no tenían más que ir en busca de las vísceras
que les quitaron, que dejaron al alcance de su mano los sacerdotes.
En lo que a las construcciones se refiere, los sacerdotes les concedían
unas virtudes mágicas, que no sabían en qué consistían. Así que
aconsejaron a los arquitectos seguir levantando pirámides. Pero serían
unas pirámides distintas.
En el Valle de los Reyes, lugar escogido por los faraones de las
siguientes dinastías para ubicar sus tumbas, que eran todas subterráneas,
existe una pirámide muy singular, recortada en lo alto de un cerro
imponente que domina el paisaje.
Otro
tipo de pirámide, más estilizada y más elegante, pero acerca de cuyas
virtudes conservadoras nada se ha dicho, porque posiblemente no existan,
es el obelisco, que apareció en las tumbas y en algunos templos.
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